Reseña crítica a propósito de

Las manos negras



18.11.1996 | Nel Diago-(Cartelera Turia)

Juli Cantó y Caries Pons componen una de las parejas cómicas más brillantes que ha dado nunca el teatro valenciano.


Un musical risueño 

 

Quizá muchos se sorprendan al ver a la compañia Pavana rescatando un vodevil decimonónico, L'afer del carrer Lourcine, del escritor francés Eugéne Labiche, transformado para la ocasión en un divertimento musical. Sin embargo, tanto la trayectoria de esta empresa como la del propio director, Rafael Calatayud, se han movido casi siempre en la esfera de la comedia y del espectáculo musical. No podía contar, pues, Juli Leal, responsable de la versión valenciano y uno de los estudiosos que más conoce el teatro de Labiche, con mejores avalistas para la puesta en escena de este viejo texto.

 

Además, se ha contado para la ocasión con un experto compositor, Joan Cerveró, con una orquesta que actúa en directo bajo la dirección de Josep Sanz, con un brillante elenco de actores-cantantes encabezado por Juli Cantó, Caries Pons (autor también de las letras de las canciones) y Mamem Garcia, y con prestigiosos creadores en el terreno de lo plástico (Carlos Montesinos: escenografía; Rocío Cabedo: vestuario). Todo ello hacía presagiar una gran velada teatral la noche del estreno, y lo fue en gran medida. El público disfrutó con las canciones (Cerveró ha atinado con sus homenajes al género), se rió con los numerosos gags (hay aqui una gran deuda con la tradición del cine cómico clásico) y se dejó llevar complacido por el enredo jocoso que nos propone Labiche.

 

Por supuesto, no estamos ante una comedia ácida. Les mans negres no es más que un pasatiempo inocente, con alguna nota crítica, superficial. Pero se deja ver con agrado. Sobre todo, por su labor actoral: Juli Cantó y Caries Pons componen una de las parejas cómicas más brillantes que ha dado nunca el teatro valenciano (cuando, por mor del desarrollo dramático, Pons desaparece de escena el espectáculo se resiente). Quizá le falte al montaje ajustar la piezas y adecuar el ritmo (la idea de los paneles. en sustitución de las tipicas puertas del vodevil, no ayuda, sin embargo), pero, cuando se consiga, Les mans negres sin duda quedará en la memoria de los espectadores como una experiencia tan grata y satisfactoria, como fútil e innecesaria.

 



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