Reseña crítica a propósito de

Las manos negras



18.11.1996 | Vicente Talens-(Qué y Donde)

La coreografía está bien resuelta. incluso las voces son extrañamente excelentes, con una música de buena factura de Joan Cerveró.


Imperdonables ingenuidades 

Teatro Rialto. Valencia 6 de noviembre. 

E. Labiche. dramaturgo francés de éxito del pasado siglo, maestro de la comedia de vodevil, sus piezas están subordinadas al gusto y entretenimiento burgués, aunque con resoluciones brillantes. Partiendo de un incidente inverosímil, se nos escenifica la ambigüedad que genera la resaca del día siguiente a una borrachera en una fiesta de antiguos alumnos, jugando con el olvido de sus personajes quienes inocentemente creen ser responsables de un suceso no cometido. El verdadero problema de la puesta en escena reside en que a ningún espectador de la actualidad le puede interesar el texto a menos que se le dé una capa de barniz actualizadora. hecho que dista mucho de ocurrir aquí. Consecuencia de lo cual es que situaciones, diálogos, y sobre todo códigos estén teñidos de condicionantes de época demasiado pesados, puesto que en nuestra sociedad, a más de un siglo de distancia, para nada sirven y nada dicen. La obra está plagada de lo que en su día fueron picardías bien resueltas pero hoy ingenuidades imperdonables, una serie de signos e indicios escénicos que carecen de sentido para el espectador de hoy de no ser que sea ingenu, No es menos cierto que una de las compañias más interesantes del panorama valenciano resbala con esta nueva producción cuando la apuesta por un tipo de teatro masivo y comercial parece ser clara, en consonancia -todo sea dicho- con prácticas de otras compañías de casa, abandonando el rigor de otras veces.

Aunque la dirección de Rafael Calatayud es correcta, se deja llevar excesivamente por la textualidad hasta el punto de hundir en determinados momentos una obra que llega a cansar por pesadez. por la mala resolución de escenas de transición para lo que es el ritmo del vodevil. Justo es también salvar la entrega de todos los actores en interpretaciones sinceras y bien logradas. en especial la de Juli Cantó. y la excelente recreación de borracho que lleva a cabo Corles Pons, otorgándole el comodín el la brillantez actoral. La coreografía está bien resuelta. incluso las voces son extrañamente excelentes, con una música de buena factura de Joan Cerveró, aunque los músicos quedan excesivamente engrandecidos en escena para lo que es el montaje: el vestuario está cuidado y la escenografía de Montesinos es discreta por esta vez. A alguien habría que pedir responsabilidades por la torpe elección de poner en escena del peor de los modos una obra que se riñe de un modo descarado con el lenguaje de la sociedad actual, sin poner solución por ningún costado. y al versionador por no ser capaz de conectar con la sensibilidad de nuestro tiempo. Demasiado trabajo para tan pobres resultados.

 



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