Reseña crítica a propósito de

La mujer de negro



16.01.2001 | José G. L. Antuñano-(ABC)

La Mujer de Negro se acoge a un genero teatral muy del gusto del espectador español, la comedia de intriga, que a poco qué se represente bien, tiene el éxito asegurado, como ocurrió en el Calderón a juzgar por los aplausos. Además cuenta con otro ingrediente para ese público habitual de este teatro de Valladolid, la abundancia de texto bien dicho por los dos intérpretes.


ABC VALLADOLID

 

¿Quién es la mujer de negro que aparece y desaparece por el escenario del Teatro Calderón? Este interrogante se resuelve al finalizar la representación, por lo que evitaré contarlo, para no restar interés a esta obra de intriga. En La Mujer de Negro, un personaje desea explicar a su familia asuntos de un oscuro pasado, a través de una escenificación de los principales episodios de su relación profesional con una anciana viuda, a la que debe organizar su herencia una ves fallecida.

 

La Mujer de Negro se acoge a un genero teatral muy del gusto del espectador español, la comedia de intriga, que a poco qué se represente bien, tiene el éxito asegurado, como ocurrió en el Calderón a juzgar por los aplausos. Además cuenta con otro ingrediente para ese público habitual de este teatro de Valladolid, la abundancia de texto bien dicho por los dos intérpretes.

 

No obstante el refrendo popular La Mujer de Negro presenta algunos problemas derivados en buena medida del genero de procedencia, la novela, adaptada para el teatro por Mallatratt. En esta versión existe un dominio excesivo del texto narrativo, que encadena largos parlamentos donde los personajes cuentan, dejando a un lado los pilares básicos del teatro como es la mimesis, la imitación. La historia narrada puede ser en mayor o menor medida entretenida pero no es teatral. Este texto adolece de conflictos que son los encargados de mover internamente la acción de un drama y producir tensión en el espectador.

 

En este sentido, por ejemplo, resulta llamativo que la intensidad se consiga sólo a través de los efectos escénicos que se buscan de modo efectista y no mediante el progreso de la intriga hacia su momento culminante del clima. Además de este problema estructural que resta interés a La Mujer de Negro, la obra tarda mucho en arrancar: transcurren demasiados minutos sin que ocurra nada, mientras un supuesto director de escena le aconseja al protagonista acerca del modo de actuar. Para los efectos escénicos, Montesinos concibe un espacio reducido en la corbata del escenario, separado por un telón translúcido de un segundo espacio.



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