Reseña crítica a propósito de

La mujer de negro



18.09.1999 | Enrique Centeno-(Diario16)

Aparte de los dos primeros actores, de enorme capacidad, estamos ante un teatro de contenido menor, muy bien construido, un teatro para la evasión, para el entretenimiento; con la rara virtud de ser diferente, por su género, y de ofrecer una digna puesta en escena, algo que suele reservarse únicamente para obras de más envergadura. Un espacio escénico sugerente, con las adecuadas dosis de sorpresa, completa esa sensación de espectáculo cuidado y honesto.


El género de terror o de misterio no es fácil en el teatro, sobre todo si se pretende la verosimilitud. La Mujer de negro, al igual que el último título visto sobre los escenarios sobre este tema, Misery, de Stephen King, es adaptación de una novela, de la británica Susan Hill, de la que se ha hecho una buena traslación al teatro. El hallazgo en esta ocasión, es el juego de teatro dentro del teatro, algo que permite utilizar convenciones y superponer un mundo real aparte - el de la sala y el escenario que el espectador ve- con la historia que contará; ésta. la auténtica trama, aparece como una ficción dentro del doble juego, pero su representación se hace con el mayor verismo hasta conseguir momentos de inquietud y de zozobra.

 

El primero de los juegos, el que aparece como real, nos presenta a un curioso personaje (Emilio Gutiérrez Caba) que, como el de Seis personajes en busca de autor, desea que su historia se representada, para lo cual contrata a un actor (Jorge de Juan). La doble representación se alterna mucho al principio hasta que el personaje de Emilio Gutiérrez Caba se presta, decididamente, a ir haciendo los numerosos tipos del relato. Este proceso, en el que el personaje se va convirtiendo en un presunto actor, permite a Gutiérrez Caba un trabajo espléndido, desde el apocamiento inicial hasta la brillantez con la que encarna a los diversos personajes. En este sentido la actuación tiene un cierto toque de complicidad que permite el virtuosismo, aunque el gran actor huye de cualquier exhibicionismo para componer sus papeles con rigor, con esa limpieza austera que le caracteriza. es también muy brillante el trabajo de Jorge de Juan, otro excelente actor que utiliza muy bien un histrionismo necesario en sus personajes, y que crea los momentos más supuestamente terroríficos del espectáculo.

 

Aparte de los dos primeros actores, de enorme capacidad, estamos ante un teatro de contenido menor, muy bien construido, un teatro para la evasión, para el entretenimiento; con la rara virtud de ser diferente, por su género, y de ofrecer una digna puesta en escena, algo que suele reservarse únicamente para obras de más envergadura. Un espacio escénico sugerente, con las adecuadas dosis de sorpresa, completa esa sensación de espectáculo cuidado y honesto.



Más información en www.lapavana.com