Reseña crítica a propósito de

Pánico contenido



25.09.1005 | Lorenzo López Sancho-(ABC)

Áspero espectáculo que interesa, que preocupa, que conmueve porque las tres actrices tienen fuerza, se diferencian, viven la serie de escenas que forman un muestrario de humanidad femenina en conflicto, y lo hacen muy bien. Con fuerza, con talento, con eficacia expresiva y técnica pues demuestran ser artistas con rico registro desde el verbal al gestual, incluso a la canción.


Con un largo recorrido temporal desde su estreno en el Teatro Talía, de Valencia en el año 1993, llega ahora a la inquieta gestión del Teatro Alfil una pieza inusual cuyo título es «Pánico contenido». La autora, Clare McCintire, absolutamente desconocida hasta ahora para el crítico, ha sido antes de escribir piezas teatrales actriz teatral, cinematográfica y televisiva y por tanto sabe muy bien lo que se hace.

No es «Pánico contenido» su primera obra y esta, estrenada en el Royal Court Theater de Londres con el título «Low level panic» parece referirse a un bajo, mitigado pánico femenino. ¿A qué? Quizá a la vida, al mundo en que vive la mujer, al hombre, deseado y temido, pero especial, violenta, obsesivamente, al sexo.

Expresión teatral

Esta autora inglesa no se anda con chiquitas ni en el realismo brutal de sus escenas, ni en el descaro del lenguaje. Desconocedor el crítico del texto original, no sabe si el uso continuo del más rudo, exabrupto lenguaje sexual se debe a su estilo o es resultado difícil de traducir a nuestra lengua no pocas expresiones parecidas del inglés. El caso es que Lola (Cristina Fenollar) estupenda actriz que domina todos los registros de la expresión teatral y los prodiga, pone desde la primera escena el tono violento, impúdico de la obra, yendo en pocoS minutos desde el lenguaje más pornográfico al - desnudo absoluto y frontal.

A falta de auténtico conflicto dramático entre los personajes, la estructura consiste en una serie de escenas, sueltas, desligadas, carentes de causalidad. Es decir, escenas independientes entre sí aunque todas centradas en lo mismo, el impulso sexual y, autodefinitoriamente, en fuertes matices personales.

Tres vidas

Esas cuatro féminas se preguntan el ¿quién soy? fraccionando sus personales angustias en la masturbación, la incertidumbre en el modo de vestir, agitado entre el miedo al hombre -Laura ha sido violada por un grupo en una escena muy dramática sin la presencia real de los violadores- y el deseo imperioso de gustar al hombre, de ligar"cuando asisten"a fiestas y valoran a los hombres que en ellas participan, principalmente por las capacidades sexuales que les atribuyen.

Los temas básicos de estas tres vidas femeninas parecen ser la pornografía, que las excita, la soledad y dificultad comunicarse, de realizarse en que las tres viven, el aislamiento que hace difícil vivir en una sociedad acelerada, consumista, egoísta y superficial. Pretende evidentemente la Autora representar en el erotismo de Lola (Cristina Fenollar, Mari, la violada (Cesca Salazar) y Celia (Laura Useleti) más que tres tipos diferentes de la mujer, la mujer entera, todas las mujeres. Estamos ante una visión obsesiva y brutal en la que se denuncia la existencia de una sociedad brutalizada, desprovista de motivaciones morales, injusta y agitada.

Rafael Calatayud ha dirigido con mano dura ese muestrario de obsesiones, de perturbaciones psicológicas y morales. En el solo ámbito de un cuarto de baño que las tres amigas se disputan a veces, se desarrolla el dramático debate de esos tres caracteres femeninos, de sus problemas, de sus luchas, anhelos y frustraciones.

Humanidad femenina

Áspero espectáculo que interesa, que preocupa, que conmueve porque las tres actrices tienen fuerza, se diferencian, viven la serie de escenas que forman un muestrario de humanidad femenina en conflicto, y lo hacen muy bien. Con fuerza, con talento, con eficacia expresiva y técnica pues demuestran ser artistas con rico registro desde el verbal al gestual, incluso a la canción.

La neutralidad del crítico, respecto a los registros morales del espectáculo, es absoluta. Estamos ante un tremendo aguafuerte tratado al grabarlo en representación escénica no con una sola tinta sino con muchas. Ahí está. Ahí lo dejamos en su violento realismo sobre el que gotean unos toques de pasión y de tristeza que hacen compleja la agresiva fuerza de su denuncia.



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