Reseña crítica a propósito de

La mujer de negro



25.10.1998 | Roberto Herrero-(El Diario Vasco)

Tiene la calidez de las historias contadas a la luz de la chimenea y cuenta con un buen trabajo de la pareja protagonista, algo esencial para que sintamos el frío desparramarse por el teatro y a los lodos atrapándonos poco a poco. Sólo falta que le echemos imaginación, guiados por la palabra..Por los aplusos finales parece que funcionó.


ROBERTO HERRERO 

 

Comienza esta historia de una forma algo enrevesada debido a que los personajes salen y entran en diversos planos de realidad y también a que la narración-presentación prefiere dar tan sólo algunas pistas al principio. 

 

Se juega al teatro dentro del teatro, algo que siempre da buenos resultados, pero tambien se olvida de sujetar bien la trama, especialmente cuando se pasa del üempo presente al pasado, salto que sucede abusando demasiado de la buena voluntad del público en aceptar lo que de convención tiene el teatro. 

 

Después vendrá el corazón de la obra, contándonos un viaje hacia una mansión donde el aire no es demasiado respirable y ocurren cosas difíciles de explicar, aunque no en ese sentido al que Expediente X nos tiene tan acostumbrados. Esta historia bebe en las fuentes clásicas. Se habla de maldiciones, de muertes entre la niebla y de la desgracia que cabalga tanto sobre el destino como en la mala suerte. 

 

La mujer de negro es un relato con todos esos componentes (sin que falten las sorpresas) y un aire melancólico de tiempos en los que una bisagra mal engrasada hacía temblar al auditorio. Cosa que ya no ocurre, como es normal. Hoy nadie se asusta con la imaginación. Y esta obra tienen el meritorio intento de buscarlo constantemente. 

 

 

Lo hace pidiéndonos que veamos una calesa en un baúl, o un cementerio formado por algunas telas. Es bonito y un poco antiguo. Tiene la calidez de las historias contadas a la luz de la chimenea y cuenta con un buen trabajo de la pareja protagonista, algo esencial para que sintamos el frío desparramarse por el teatro y a los lodos atrapándonos poco a poco. Sólo falta que le echemos imaginación, guiados por la palabra..Por los aplusos finales parece que funcionó.



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