Reseña crítica a propósito de

Escápate conmigo, monstruo



10.02.2006 | Enrique Herreras-(Levante)

QUERIDOS MONSTRUOS

"...un montaje que resulta tan jovial y fresco como el que hasta ahora latía en nuestro cerebelo. Un acierto."


La recuperación de esta producción del Escalante, realizada por La Pavana, nos ha supuesto un ataque de nostalgia y, por qué no decirlo también, de un brote emotivo. No en balde, se estrenó en 1990, y después de quince años, seguía muy activa en la memoria. A decir  verdad, y sin exagerar, podemos decir con este encantador montaje, el teatro de la calle Landerer se adelentó, desde su pequeñez, al actual boom de los musicales en España. Aquello fue una fiesta a modo de comedia musical – al estilo anglosajón – con todos sus sabrosos ingredientes: enredos, puertas, teléfonos, persecuciones, y números musicales que aparecían en los momentos más desbordados, romances apasionados y otros parecidos.

 

Esto en el plano general, pero en el particular se planteaba una parodia a esos monstruos que se hicieron famosos a través del cine: Frankenstein, La Momia, El Hombre Lobo y Drácula (aún sigue inmanente la genial aparición y baile inicial de Germán Montaner). La particularidad es que estos monstruos aparecían deprimidos por haber perdido su hegemonía como reyes del terror y, por ello, acudían a la consulta de una psicoanalista. Todo ello planteado, primeramente, con el lenguaje del cómic. No en balde, el autor del divertido libreto es Mique Beltrán, de la escuela valenciana de dibujantes de cómics.

 

La actual puesta en escena de Rafael Calatayud respeta bastante aquel primer trabajo (es evidente, estaba labrado con sobresaliente técnica, sabiduría y amor por la comedia musical), aunque ha perfilado algunos instantes y personajes (Drácula ha engordado, Frank es más coqueto), ofreciendo un tono mayor de parodia general, de gags y ritmo, en vez de seguir tan apegado como entonces a la recreación de los personajes o reflexión sobre la decadencia de un género. El nuevo elenco, aunque lo tenía difícil, dada la galaxia del anterior, cumple con creces con ese cometido, cantan (e interpretan) con brío las pegadizas notas de Joan Cerveró; bailan notablemente al ameno son de Rosa Ribes; y, en fin, nos devuleven sanos y salvos a nuestros queridos monstruos, y a un montaje que resulta tan jovial y fresco como el que hasta ahora latía en nuestro cerebelo. Un acierto.



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