Reseña crítica a propósito de

Teràpies (Barcelona)



21.09.2006 | Sergi Doria-(ABC)

INTERCAMBIO DE PSICOSIS

"Sumidos en el absurdo, los personajes de Teràpies se reúnen en un restaurante como si fuera el camarote de los hermanos Marx para acabar emparejando manías. El conjunto da una comedia al ritmo justo, con frescura que se agradecerá en estos meses otoñales cuando la política caiga sobre nosotros como la tempestad de la semana pasada."


En Teràpies (Beyond Therapy), llevada hace veinte años al cine por Robert Alman, con Sigourney Weaver en el papel femenino, el dramaturgo estadounidense Christopher Durang condensó lo que podíamos llamar “la fórmula Prozac” en la comedia de divanes. Con desarreglos psíquicos, suicidas poco ejemplares, confusas identidades sexuales y personalidades esquizoides, Durang hace reír y esa es la razón por la que el director Rafael Calatayud repite experiencia con el autor de Titánic, con quien dice compartir una visión tan sera de la vida “que no podemos evitar reírnos de ella”.

 Teràpies se sostiene sobre seis personajes en permanente intercabio de psicosis. La insegura Pruden (Victòria Pagès), tan insegura que hasta tiene miedo del helado de vainilla, contacta por “chat” con Òscar (David Bagés), un bisexual que comparte su vida con el homosexual Teo (Jordi Llordella). En medio del triángulo bullen dios psicoanalistas tal vez más desquiciados que sus pacientes: la doctora Bornikoff (Mamen García), y el doctor Martone (Francesc Albiol). Estos dos personajes atesoran el núcleo duro de la comicidad. La valenciana Mamen García, de prolija trayectoria en el teatro musical, compone, y nunca mejor dicho, una doctora imposible, abrazada a una muñeca de la certida Peggy mientras canta “La chica de Ipanema” y representa de forma hilarante la alineación mental; Francesc Albiol, reedita sus mejores momentos cómicos ya demostrados en obras como El club de la corbata con una movilidad deudora de Chiquito de la Calzada y una asunción bien masculina de la eyaculación precoz. Victòria Pagès y David Pagés cotejan sus fobias, que amenizan con la canción “Algú que cuidi de mi” y forman pareja al estilo de Rock Hudson y Doris Day. El reparto se completa con un obsesivo camarero de tendencias genitales que encarna el actor Albert Ausellé, de quien recordamos su papel en Panorama desde el puente.

Sumidos en el absurdo, los personajes de Teràpies se reúnen en un restaurante como si fuera el camarote de los hermanos Marx para acabar emparejando manías. El conjunto da una comedia al ritmo justo, con frescura que se agradecerá en estos meses otoñales cuando la política caiga sobre nosotros como la tempestad de la semana pasada.

 

 



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