Reseña crítica a propósito de

Bebé



09.02.2007 | Enrique Herreras-(Cartelera Turia)

CARCAJADA SALVAJE

Rafael Calatayud ha perfilado, en su puesta en escena, un cuadro repleto de vida teatral. Expresionismo sentimental. Un ritmo casi matemático que respeta la neurosis de los personajes, la bofetada de un humor repleto de cargas de profundidad. Y de juego. Un juego en el que entra a la perfección el diseño escenográfico (Assad Kassab), y el elenco al completo (sello Pavana). Me encanta Marta Belenguer.... Es subrayable, así mismo, la comicidad tierna de Juli Disla,... la potencia de Lola Moltó...o la buena letra de Toni Agustí en esta excéntrica tragicomedia, mordaz y tensamente risible.


Conocí la existencia de Christipher Durang por su obra "Carcajada Salvaje", que protagonizaron Abel Vitón y Charo López a mediados de los noventa. Ahora ya es un asiduo en nuestra ciudad gracias a La Pavana. La presente es la cuarta incursión de la compañía valenciana en el mundo teatral de uno de los más firmes valores del off neoyorquino.
La historia del presente texto, o chispeante terapia, tiene como punto de partida unos padres que no están preparados para tener un hijo. Aparecen delante del recién nacido y no saben cómo llamarlo, cómo cuidarlo y ni siquiera su sexo. No obstante, como dice la madre, los médicos le dijeron que dicha elección se podría hacer después. La hacen. Incluso con la ayuda de una torpe y cachonda Mary Poppins. Le llaman Natacha. De ahí vendrá la confusión, el paso del disparate al psicoanálisis, cuando el niño crezca.
Tal y como corre nuestro tiempo, hoy el planteamiento debiera ser al revés: unos hijos que no están capacitados para serlo, y unos padres que sufren su tiranía. Pero, claro, la culpa sigue siendo de los padres. Por ello hay que volver al orden tradicional que plantea Durang porque no hay salida, hay que retorcer a dichos padres, paródicamente, el cuello. O si la hay, Durang plantea un final, contradictoriamente, feliz. Un gesto del autor, un gesto en favor de la madurez.
Pero para llegar ahí, antes ha propulsado toda una batería de situaciones, de travesuras, y una lección de ingenio, inventiva y audacia teatral (y social), aun sufriendo la obra de cierta mengua de ingenio hacia el final.
Rafael Calatayud ha perfilado, en su puesta en escena, un cuadro repleto de vida teatral. Expresionismo sentimental. Un ritmo casi matemático que respeta la neurosis de los personajes, la bofetada de un humor repleto de cargas de profundidad. Y de juego.
Un juego en el que entra a la perfección el diseño escenográfico (Assad Kassab), y el elenco al completo (sello Pavana). Me encanta Marta Belenguer: hasta el menor gesto parece calculado, pero surge natural y estilizado al mismo tiempo. Es subrayable, asimismo, la comicidad tierna de Juli Disla (autor también de la versión), la potencia de Lola Moltó (Nanny) o la buena letra de Toni Agustí (Natacha) en esta escéntrica tragicomedia mordaz y tensamente risible.



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