Reseña crítica a propósito de

Bebé



16.02.2007 | Julio A. Mañez-(El País)

"...comedia salvaje con muchas vueltas de tuerca...""...desarrollo de escenas que curiosamente crece en interés a medida que lo hace la criatura original...""...pasa del registro del sainete inicial a la alta comedia que empieza a cobrar cuerpo desde la segunda mitad...""...espléndido trabajo de Victoria Salvador en sus numerosos papeles, así como el más continuado de Marta Berenguer...""...Calatayud, que siempre ha dirigido muy bien a sus actrices..."


Sainete salvaje

Julio A. Máñez 

A Rafael Calatayud, que pronto cumplirá 25 años al frente de La Pavana, le encanta Christopher Durang, hasta el punto de que esta es la cuarta obra que monta de ese autor. ¿Y de qué se trata ahora? De una comedia salvaje con muchas vueltas de tuerca donde nace un bebé de una pareja irresuelta que ni siquiera se atreve a determinar, ya nacido, su sexo, y después pasa lo que pasa. Y son muchas las cosas que aquí pasan. Primero, una escenografía que no ilumina sino que enturbia las diversas fases de la obra (el bebé crece, se hace niño, va al colegio, a la universidad, etc, pero el escenario sigue siendo, pétreo, el interior de una escuela pública de los años cincuenta). Y, segundo, un desarrollo de escenas que curiosamente crece en interés a medida que lo hace la criatura original. En ese desarrollo, de la puesta en escena, al hilo de un argumento cargado de sobresaltos, Rafael Calatayud va afinando sus instrumentos, de modo que pasa del registro del sainete inicial a la alta comedia que empieza a cobrar cuerpo desde la segunda mitad. De Arniches a Stanley Donen, para entendernos, y salvando todas las distancias.

Quizás debido a los tránsitos acelerados de la acción (cómo resumir una vida casi entera en poco más de hora y media), el montaje es algo más sincopado de lo que sería menester, y obedece a registros muy diversos y no siempre bien ajustados. Sería descortés no mencionar el espléndido trabajo de Victòria Salvador en sus numerosos papeles, así como el más continuado de Marta Belenguer. Todo en el contexto de un curioso ejercicio de transformismo en el que Calatayud, que siempre ha dirigido muy bien a sus actrices, rememora buena parte de su trayectoria, con la sala a rebosar y muy divertida hasta casi el final, cuando se enfría la risa y se congela la sonrisa.



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