Reseña crítica a propósito de

Hedda Gabler



07.03.2006 | Sofía Basalo-(culturalianet.com)

La compañía de teatro La Pavana, ha abordado este texto de Henrik Ibsen de un modo muy cinematográfico, diría yo.
La puesta en escena nos evoca las películas del cine negro de los años cuarenta y cincuenta.
Los colores elegidos, la música que acompañará la acción de este montaje e incluso la proyección de unas nubes oscuras que, como malos presagios, permanecerán constantes sobre el cuadrilátero, del cual Hedda Gabler sólo se atreverá a salir para ser libre, traen a nuestra memoria los nombres de Fritz Lang o del mismo Hitchcock.


Hedda contempla la vida que le gustaría vivir desde un cuadrilátero. Es difícil salir de allí. Hija del capitán Gabler, sus días han estado trazados de antemano; su futuro ha sido planeado sin su permiso, sin su voz, sin su mirada.
Su carácter se ha formado en la eterna contradicción entre lo que eres y lo que te obligan a ser; entre lo que quieres y lo que puedes; entre lo que ansías y lo que tienes.
Hedda es una mujer aparentemente compleja; secretamente enamorada de la libertad de Ludvorg (Jaime Linares); expresamente remisa a un futuro lógico y premeditado; suficientemente responsable como para no condenar a otros ojos, a mirar la vida detrás de las doce cuerdas de un cuadrilátero... Y obviamente, cansada de luchar.
Hedda respira por una última y libre decisión. El único acto de libertad que le es permitido en un entorno hostil y definitivamente hueco. El Suicidio. Un adiós simple, sin ruido. Un adiós bello. (Ella sólo se rinde ante la belleza) Cada día es una posibilidad para la libertad... Para salir de ese cuadrilátero, para morir... Mientras tanto, Hedda Gabler (Amparo Ferrer-Báguena), mira la vida y hace suyas las cotidianidades, las miserias ajenas... Teje y desteje los dramas de aquellos que osan acercarse a su tela de araña. Ejerce su poder, mientras cree en una seguridad frágil, quebradiza y sutilmente infantil.
Los personajes, los seres que rodean a Hedda son ella misma, de una u otra forma.
El sometimiento de su marido, George Tesman... Su forzado sometimiento.
El amor casi desesperado de Elvsted... Su amor condenado a ser sólo una posibilidad.
La libertad de Ludvorg... Esa libertad que un orden caduco le quitó de los ojos.
La maternidad enfermiza, la obligada dedicación de la Tía Julia... ¿Sería capaz ella, de esa dedicación, de dar a su hijo una libertad que no tiene...?
El chantaje, el poder de Brack... Su presente, su alimento.
Todos son ella... Y ella, la actriz en este caso, ha de ser en todos.
La compañía de teatro La Pavana, ha abordado este texto de Henrik Ibsen de un modo muy cinematográfico, diría yo.
La puesta en escena nos evoca las películas del cine negro de los años cuarenta y cincuenta.
Los colores elegidos, la música que acompañará la acción de este montaje e incluso la proyección de unas nubes oscuras que, como malos presagios, permanecerán constantes sobre el cuadrilátero, del cual Hedda Gabler sólo se atreverá a salir para ser libre, traen a nuestra memoria los nombres de Fritz Lang o del mismo Hitchcock.
La concepción de Rafael Calatayud me parece enormemente acertada. La puesta en escena, creo que es notable; quizá el sonido sea el aspecto más deficiente: Las voces de los actores se pierden entre el espacio teatral, a veces la música las tapa, otras veces hablan muy rápido y no vocalizan... O no se les entiende demasiado bien...
En definitiva, ellos mismos, su trabajo de una fuerza dudosa, hace de esta obra algo, en ocasiones, pesado, poco convincente, poco veraz y aburrido... Aunque, de hecho, nos llegue en una envoltura sumamente atractiva.



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