Reseña crítica a propósito de

Crisis de identidad



25.02.2009 | Enrique Herreras-(Levante)

Mamen García. Todo parece escrito a propósito para sus registros. No se puede estar sin ella. Sin su ametralladora de gestos, ni sus puntos de vista. Extraordinaria en todos los sentidos: actriz, cantante, vis cómica, vis sentimental. A su lado, todo el elenco brilla y bulle en sus papeles. Se nota la mano de Rafael Calatayud para la dirección de actores, pero también para creación de un ambiente, de unas acciones que tienen como eje un rico y loco juego (con una sensación de espontaneidad muy bien trabajada). El resultado es un nutritivo vodevil psicológico, grotesco y burlesco, a un paso del cabaret musical


La Pavana ha irrumpido de nuevo en escena con un divertido montaje. Con dos cabezas. Por un lado estaría el sentido del humor de Christopher Durang, ya muy inserto en su trayectoria, porque, con el presente, la compañía valenciana ha montado cuatro obras de este autor norteamericano. Un sentido pasmoso, cáustico, cínico y con un minucioso universo propio. Durang tiene habilidad no sólo para diseccionar mecanismos absurdos del comportamiento humano, sino para multiplicar sus efectos. Tal vez le pierda en ocasiones esto último (lo que le aleja de la profundidad y genialidad de su presumible maestro, Ionesco), pero es evidente que viveza no le falta para marcar las pautas de un teatro fértil. En este caso, su carga creativa se deriva de varias obras cortas, en las que hace hincapié en la familia (matriarcal, y delirante, para más señas), aparte del ingenioso monólogo inicial.
Pero la segunda cabeza, la más interesante, es, sin duda, Mamen García. No sé por qué caminos hubiera andado el espectáculo sin esta actriz, porque todo parece escrito a propósito para sus registros. No se puede estar sin ella. Sin su ametralladora de gestos, ni sus puntos de vista. Extraordinaria en todos los sentidos: actriz, cantante, vis cómica, vis sentimentalÉ.
Dos cabezas que parten de un cuerpo bien amueblado. Porque a su lado, todo el elenco brilla y bulle en sus papeles. Se nota la mano de Rafael Calatayud para la dirección de actores, pero también para creación de un ambiente, de unas acciones que tienen como eje un rico y loco juego (con una sensación de espontaneidad muy bien trabajada). El resultado es un nutritivo vodevil psicológico, grotesco y burlesco, a un paso del cabaret musical, ya que colaboran en su buena digestión las canciones y el piano en directo de Víctor Lucas (una sorpresa como actor). En la superficie danza la pura travesura teatral, y, por debajo, ardiendo, la chifladura hecha cotidiana, como la primera relación entre madre e hijo raro, o la diatriba a la psicología, incluido el travestismo del psicólogo, para confundir más a la hija-paciente.
Todo trascurre en un pis pas, salvo el final de la segunda parte que, creo, debiera peinarse, para que sea más plena la satisfacción al salir del teatro. Reserven sus entradas.



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