Reseña crítica a propósito de

Crisis de identidad



24.02.2002 | Julio A. Mañez-(El País)

Rafael Calatayud siempre tuvo una rara mezcla de olfato y de talento para resolver grandes momentos de comedia, que aquí se fusionan en una sucesión de escenas como de cabaré fingido. Cuatro personajes enloquecidos, que en realidad son muchos más, acompañados en directo por un pianista de cine, exponen algunas de sus locuras a fin de deshacerse de ellas. No lo conseguirán, por supuesto, pero en los 90 minutos de función el espectador podrá reirse de ellos, pero sobre todo con ellos, al hilo de estrafalarias ocurrencias (y personajes de fábula moderna) dichas con total naturalidad en un alarde de diálogos más cortantes que una navaje de afeitar.


Es conocida la debilidad de Rafael Calatayud por Christopher Durang, de quien ya ha montado, con éxito, Titànic, Terapias y Bebé, un autor de apariencia fácil pero de mucha complicación en la comedia, que fusiona el propósito de hacer reír con un amplio repertorio de situaciones más bien trágicas: la fórmula, que la hay, se repite en Crisis de Identidad, donde cuatro personajes enloquecidos, que en realidad son muchos más, acompañados en directo por un pianista de cine, exponen algunas de sus locuras a fin de deshacerse de ellas.

No lo conseguirán, por supuesto, pero en los 90 minutos de función el espectador podrá reirse de ellos, pero sobre todo con ellos, al hilo de estrafalarias ocurrencias (y personajes de fábula moderna) dichas con total naturalidad en un alarde de diálogos más cortantes que una navaje de afeitar. Rafael Calatayud siempre tuvo una rara mezcla de olfato y de talento para resolver grandes momentos de comedia, que aquí se fusionan en una sucesión de escenas como de cabaré fingido. No faltan las referencias cinematográficas, como es habitual en este director, en un montaje muy divertido. Corran a verla, si quedan localidades.



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