Reseña crítica a propósito de

Crisis de identidad



27.02.2009 | Nel Diago-(Cartelera Turia)

Después de Titànic, Teràpies y Bebé, nos llega ahora este nuevo texto, Crisis de Identidad, que mantiene algunas de las constantes que ya se vieron en las antiguas producciones, como los diálogos rápidos y chispeantes, las situaciones disparatadas o directamente absurdas, el retrato impío de una sociedad mentalmente enferma… Mamen García, tan expléndida como siempre, Xavo Giménez, que se desborda en multitud de personajes, Juli Disla, simpatiquísimo en su papel de psiquiatra transexual, y Resu Belmonte, la infeliz y confusa hija, son quienes sostienen y le dan vida a esta humorística fábula.


La Pavana parece haber encontrado un filón inagotable en la dramaturgia del norteamericano Christopher Durang. Después de Titànic, Teràpies y Bebé, nos llega ahora este nuevo texto, Crisis de Identidad, que mantiene algunas de las constantes que ya se vieron en las antiguas producciones, como los diálogos rápidos y chispeantes, las situaciones disparatadas o directamente absurdas, el retrato impío de una sociedad mentalmente enferma… Todo ello plasmado, como suele ocurrir con los montajes de Rafa Calatayud, con un ritmo frenético, muy vodevilesco, una interpretación marcadamente histriónica y una estética cuidada, no exenta de elegancia. Como buen vodevil, no faltan aquí las canciones y subrayados musicales a cargo del pianista Víctor Lucas, a quien el director hace también actuar en una escena inicial que parece un añadido. Pero son Mamen García, tan expléndida como siempre, Xavo Giménez, que se desborda en multitud de personajes, Juli Disla, simpatiquísimo en su papel de psiquiatra transexual, y Resu Belmonte, la infeliz y confusa hija, quienes sostienen y le dan vida a esta humorística fábula, que quizá no sea tan ligera y frívola como un vodevil al uso, pero que tampoco tiene la acritud y la profundidad de análisis de las obras de otros dramaturgos de la misma procedencia (pienso, por ejemplo, en David Mamet, a quien ninguna compañía valenciana le da por montar). En todo caso, es innegable que la dramaturgia de Durang le viene a Calatayud como anillo al dedo y que se identifica con ella. En ese sentido, no hay crisis de identidad que valga.



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