Reseña crítica a propósito de

A ras del cielo



28.02.2003 | Nel Diago-(Cartelera Turia)

Rafael Calatayud quien, apoyándose en algunas rupturas de la ilusión escénica, en el uso de proyecciones y, sobre todo, en el buen oficio del elenco, logra proponer una historia creíble y sugestiva, que deja buen sabor de boca.


Con algún retraso no deseado (la actriz protagonista, ana casas, sufrió un accidente y hubo que sustituirla a última hora) se estrenó finalmente esta interesante comedia de Juanluis Mira, ganadora del premio Arniches 2001. una bella historia amorosa, ambientada en la Valencia de los años 50 del siglo pasado (es decir, en plena dictadura franquista), con el teatro como trasfondo y con una inequívoca carga social. Con gran habilidad Mira traza el dibujo de un mundo escindido en dos niveles: arriba, los vencedores de la guerra civil, los poderosos económicamente; abajo, losm derrotados, los menesterosos. Un arriba y un abajo que metafóricamente se ejemplifica con ese protagonista doblemente apuntador, como asesino a sueldo en las alturas, como consueta en el inframundo teatral. Alguien condenado a desaparecer, a morir, tanto en la ficción como en la realidad (por lo menos en su vertiente escénica; la condición de sicario sigue vigente).
Desprovisto de ideología, el personaje del apuntador, que encarna muy convincentemente Pep Sellés, es incapaz de entender la realidad. Para él todo se reduce, desde lo alto, a cazar, o desde lo bajo, a frases y personajes del teatro. Sin embargo, Pozo (que tal es su emblemático nombre) llegará a redimirse y a entregar su vida en aras de un amor imposible, el que siente por Teresa, la actriz que en la fábula está interpretando a la Paula de Tres sombreros de copa (licencia poética y explícito homenaje de Mira al gran Miguel Mihura).
Por supuesto, la trama ideada por el autor es de difícil solución escenográfica. Como guión cinematográfico sería espléndido (ojalá alguien tome nota de ello), pero el escenario tiene sus limitaciones. Juanluis Mira, que también es director de escena (con el grupo Jácara, unod e los que producen la obra junto a La Pavana), actuó aquí libremente en su condición de autor, dejando que fuera el posible director de escena el qie ideara la posible solución de su montaje. La suerte le ha tocado a Rafael Calatayud quien, apoyándose en algunas rupturas de la ilusión escénica, en el uso de proyecciones y, sobre todo, en el buen oficio del elenco, (al ya citado Sellés hay que sumar los estupendos Alfred Lucchetti y Juan Mandli, así como la joven María Almudever, que sale airosa en su sustitución), logra proponer una historia creíble y sugestiva, que deja buen sabor de boca.



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