Reseña crítica a propósito de

Algo auténtico



31.03.2000 | Julio A. Mañez-(El País)

Rafael Calatayud dirige con seguridad y ráfagas de talento una obra complicada por su sutilidad. Un montaje que que contiene auténticas cargas de profundidad -por lo demás, nada relamidas ni infautadas- contra el uso cotidiano de la pulsión amorosa.


El británico Tom Stoppard aprovecha un argumento de pasiones encontradas para dinamitar el mecanismo desde dentro y ofrecer un repertorio de interrogantes que atiende tanto al valor, o a la veracidad, de la literatura como al rincón donde las personas guardan sus afectos, al desgaste de las relaciones humanas y a los motivos de una conducta pasional, o de su contraria, la rutina, que desdeñaría los factores biográficos para centrarse en los detalles de esa especie de conducta de la conducta. De paso, el autor ajusta las cuentas con alguna que otra tendencia del teatro inglés de los setenta y ochenta, aspecto que no por estar más alejado de nuestra realidad deja de tener interés.Comedia, pues, de altos vuelos, donde la técnica del teatro dentro del teatro es también un prólogo para situar el asunto, y en la que el vertiginoso paso del tiempo hace cometer los mismos errores a los personajes en situaciones muy distintas. El amor (reducido a las personas que creen portarlo), en su variante erótica, se ve en el escenario, pero no es el eje de la obra, que más bien muestra su perplejidad ante la contumacia de la disposición amorosa y hacia sus artimañas.

Rafael Calatayud dirige con seguridad y ráfagas de talento una obra complicada por su sutilidad, en la que Joaquín Hinojosa crece a medida que se afianza su personaje, Cristina Plazas está arrolladora, Toni Misó es el maestro del desconcierto fingido y Amparo Ferrer Báguena resuelve con convicción el papel de esposa artista y hastiada. Un montaje que que contiene auténticas cargas de profundidad -por lo demás, nada relamidas ni infautadas- contra el uso cotidiano de la pulsión amorosa.



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