Reseña crítica a propósito de

Hedda Gabler



23.01.2005 | Manuel Sesma-(El Adelantado de Segovia)

"…Después de presenciar  Hedda Gabler uno se queda desconcertado por la fabulosa vuelta de tuerca que La Pavana ha dado a un texto absolutamente descriptivo y naturalista como el que más.

….Rafael Calatayud en la dirección, junto a un espléndido equipo de actores, actrices y técnicos, ha conseguido un espectáculo inteligente por lo imaginativo, poético por lo simbólico, tremendamente crudo por el desarrollo del tema, e intenso por el análisis psicológico de los personajes. Y es que, aún manteniendo el naturalismo de los personajes y de las situaciones, el montaje aporta todo un catálogo de matices tanto sonoros como visuales e ideológicos que lo hacen bellamente sutil.

El extraordinario montaje de Hedda Gabler se completa con unas interpretaciones actorales de gran lujo que aportaron una amplia gama de matices interpretativos. Desde la intensidad dramática a la ironía civilizada,,, los seis intérpretes mostraron unos registros extensos tanto en la voz como en el gesto y en el movimiento.
Con interpretaciones como estas, con montajes como el que nos ha proporcionado La Pavana en Hedda Gabler el trasnochado naturalismo resulta un placer”


Un naturalismo sutil 

 

Henrik Ibsen, autor del texto que hemos podido apreciar representado en el Teatro Juan Bravo este fin de semana, está considerado como uno de los máximos representantes del teatro naturalista. Este tipo de teatro se fundamenta en describir objetivamente la realidad. Vaya, que un florero es un florero y que un personaje se representa a si mismo sin más vueltas y significados. Este tipo de teatro de lo evidente se desarrollo a finales del siglo XIX  y su estética llega llega hasta nuestros días siendo muy apreciado por los aficionados menos exigentes porque es un teatro que obliga poco a pensar. 

 

Después de presenciar lo que sucedió ea e] Juan Bravo can el espectáculo Hedda Gabler presentado por La Pavana uno se queda desconcertado por varios motivos. Primero, resulta inconcebible que la sala no estuviera abarrotada de espectadores para presenciar un drama naturalista de Ibsen, autor conocido de sobra y admirado entre el gran público; por el contrario, la semana anterior la asistencia fue masiva para ver un "famoso" espectáculo palabrero con una interpretación de caseta de feria. Y el segundo desconcierto, éste más importante, viene dado por ja fabulosa vuelta de tuerca que La Pavana ha dado a un texto absolutamente descriptivo y naturalista como el que más. 

 

La apuesta ha tenido gran riesgo pero se ha saldado con con enorme satisfacción Rafael Calatayud en la dirección Junto a un espléndido equipo de actores, actrices y técnicos, ha conseguido un espectáculo inteligente por lo imaginativo, poético por lo simbólico, tremendamente crudo por el desarrollo del tema, e intenso por el análisis psicológico de los personajes. Y es que aun manteniendo el naturalismo del texlo en cuanto a la palabra, aun manteniendo el naturalismo de los personajes —tanto en su aspecto físico como en su definición sicológica—, manteniendo las situaciones, el montaje aporta todo un catálogo de matices tanto sonoros como visuales e ideológicos que lo hacen bellamente sutil. 

 

En Hedda Gabler de Ibsen los personajes se entrecruzan con una humanidad burguesa abominable desde la perspectiva del espectador del tercer milenio. Abominable, me refiero por el escaso interés que puedan presentar los consabidos personajes que se mueven comúnmente entre la realidad y la hipocresía, con los los típicos intereses materiales y las apariencias sociales; son unos personajes que se desenvuelven entre los tópicos, un tanto acomodados y costumbristas. En este sentido, el texto de Ibsen hoy podría considerarse como una castaña pilonga, pero Rafael Calatayud ha conseguido un *marron glacé' solo apto para paladares exquisitos. 

 

La puesta en escena está plagada de elementos que conforman un lenguaje finísimo y rico. El salón se ha transformado en un cuadrilátero de boxeo en donde se entablan los combates más sádicos pero más civilizados a la vez. Las pasiones, los intereses explícitos y los otros, las traiciones, los juegos de seducción, de dependencia y sumisión se dan cita sobre el ring. Y alrededor, unas mesas con sillas sugieren espacios de bar; el escenario despojado de los forillos laterales. exhibe su grosero esqueleto. Es el ambiente sórdido y subterráneo en el que se desarrolla el diálogo más elegante y el baile mas chic. Precioso contraste de gran significado. Sobre el letón de foro se proyecta casi de forma permanente un conjunto de nubarrones —magnífico símbolo de la trama— que se desplazan y modifican muy lentamente, apenas perceptible. En fin. la escena muestra un discurso abundante de signos repletos de contrastes. Con una escenografía tan alegórica y sugerente y sugerente como la creada por Rafael Calatayud en este espectáculo, la palabra, el texto de Ibsen, adquiere un valor mas poético o menos insustancial, subraya la trascendencia y su sentido intelectual. 

 

INTERPRETACIÚN DE LUJO 

 

El extraordinario montaje de Hedda Gabler se completa con unas interpretaciones actorales de gran lujo, pero no por el brillo catódico de los intérpretes sino por la elegante, compleja, bella, melodiosa y delicadísima interpretación de los tres actores y de las tres actrices. Fueron seis actuaciones de gran lujo en las que Amparo Ferrer-Báguena, Resu Belmonte, Isabel Requena, Caries Sanjaime, Carlos Vicente y Manel Barceló aportaron una amplia gama de matices [interpretativos. Desde la intensidad dramática a la ironía civilizada, desde el susurro o el leve gemido hasta la explosión de los personajes los seis intérpretes mostraron unos registros extensos tanto en la voz como en el gesto y en el movimiento. ¡Qué maravilloso baile se marcaron Amparo Ferrer y Manel Barceló! La palabra en boca de estos soberbios actores y de estas excepcionales actrices se hacía luz y música, solo con talento se pueden conseguir unas escalas tan intensas y tan cromáticas. Las frases surgían pictóricas de color y de ritmo. El texto transmitía texturas de acuarela aunque los materiales poseían la pastosidad del óleo. Sin manierismos rebuscados. en esto consiste la sutil naturalidad. 

 

Con interpretaciones como estas, con móntales como el que nos ha proporcionado La Pavana en Hedda Gabler el trasnochado naturalismo resulta un placer.



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