Reseña crítica a propósito de

El milagro de Anna Sullivan



02.11.2001 | G. Ripio-(Cartelera Turia)

Emoción


Todos los padres posmodernos debieran ver esta obra. Y no sólo por vivir esta conocida historia sobre cómo una joven sordomuda que desde el coraje, acierto e intuición de su profesora particular, Anna Sullivan, logró hablar y comunicarse, sino ser una intelectual de la época (finales del XIX). No, no sólo eso sino también como teoría pedagógica de largo alcance. O para darse cuenta de que el consentimiento es el peor método pedagógico que existe. El caso es que en los últimos años se ha confundido el rechazo de autoritarismo con la falta de la necesaria autoridad. Parece que últimamente se ha corregido algo este dilema, pero no lo suficiente para evitar que se esté conformando una generación sin iniciativa, abierta en última instancia a fundamentalistas de cualquier especie.

De todos modos, no podríamos hablar de los daños colaterales de esta obra si no tuviera un logrado empaque. En efecto, La Pavana, en esta producción de la Escalante, ha realizado un espectáculo ameno y delicioso. Lo primero, claro, por la propia obra, y desde una versión (Rodolf Sirera) muy concisa y precisa. Por lo segundo, la dirección de Rafa Calatayud logra conformar un acertado ensamblaje entre vídeo (primeros planos y exteriores) y teatro (escenas bien resueltas). Escenografía (Carlos Montesinos), vestuario (Rocío Cabedo), iluminación (Víctor antón), todo se pone al servicio de otro acierto de esta sala, ahora para público adolescente. Y, por supuesto, sin olvidar a un elenco bien ajustado. En especial Cristina García (capta bien el personaje de Anna) y la joven Rebeca Valls, quien trasmite su difícil personaje (Hellen) con gran precisión en el timbre gestual. Y lo más importante, se logra, al final, un tono justo de emoción. Buen trabajo.



Más información en www.lapavana.com