Reseña crítica a propósito de

Una jornada particular



28.01.2011 | Vicente Vergara-(Cartelera Turia)

La excelente estructura dramática de la película, casi en un decorado único, y el hecho de que tuviese solamente dos intérpretes fundamentales, propició una versión teatral. La que ahora presenta La Pavana está escrita por Rodolf Sirera, trasladando la acción de la Italia de Mussolini de 1938 a la España de Franco de 1940.


Se acaba de estrenar en el Teatro Talía de Valencia Una jornada particular, coproducción entre la ya veterana compañía valenciana La Pavana y Teatres de la Generalitat Valenciana. La obra permanecerá en cartel hasta el próximo 13 de febrero. Está interpretada por Rafael Calatayud y Victoria Salvador, además de las breves apariciones de Laura Useleti. La dirección es de Rafael Calatayud mientras que la versión es del dramaturgo valenciano Rodolf Sirera, que ya había realizado las de El mussol i la gata, El milagro de Anna Sullivan y Hedda Glaber para la misma compañía. Tras Bebé (2006), Smoking No Smoking (2008) y Crisis de identidad (2009), La Pavana presenta, pues, una nueva producción teatral. Una giornata particolare es un film que el director italiano Ettore Scola dirigió en 1977. Scola es un realizador con un largísimo recorrido como guionista. De hecho, siempre se ha dicho que es mejor escritor que realizador, porque sus films están narrados con cierto desaliño. Pese a ello ha dado emblemáticos títulos como La terraza, Macarroni, La familia, Splendor, ¿Qué hora es?, El viaje del Capitán Fracassa, La cena…, todas excelentes películas muy bien escritas. Para Una jornada particular, Ettore Scola contó con Ruggero Macari y Mauricio Constanzo para escribir esta historia, situada en Roma, en la primavera de 1938, cuando Hitler visitó dicha ciudad, invitado por otro dictador, Benito Mussolini, y fue recibido en loor de multitudes. En un vacío edificio romano, con la narración de fondo de la radio del acontecimiento político, el film relata el encuentro casual entre una ama de casa, Antonieta, casada y con seis hijos, y un periodista, Gabriela, locutor de radio, recién despedido por no compartir las ideas fascistas y ser homosexual. Parece que ambos se necesitan mutuamente, ella porque está totalmente agobiada por un marido machista y un tipo de vida frustrante, a pesar de su bajo nivel cultural, y él, un hombre culto, porque tras el despido se encuentra en una encrucijada vital. Son dos seres a la deriva que durante unas horas compartirán todas sus inquietudes, estableciéndose entre ellos un gran afecto que roza lo amoroso, a pesar de los impedimentos de todo signo. Marcello Mastronianni y Sofía Loren interpretaron de forma genial estos personajes, una producción de Carlo Ponti. Como anécdota, la aparición en un pequeño papel de Alessandra Mussolini, nieta del dictador y que posteriormente, en 1992, fue elegida parlamentaria por Nápoles por el Movimiento Social Italiano (MSI), refundación del Partido fascista de su abuelo. El film tuvo bastante éxito. Ganó el Globo de Oro (cuando en España estos premios eran prácticamente desconocidos) en 1978 a la Mejor Película de Habla No Inglesa, el David di Donatello (equivalente en Italia a los Goya) a la mejor dirección y mejor interpretación a Sofía Loren, un César francés, además de ser nominada la película al Oscar y Marcello Mastroianni al mejor actor. La excelente estructura dramática de la película, casi en un decorado único, y el hecho de que tuviese solamente dos intérpretes fundamentales, propició una versión teatral. La que ahora presenta La Pavana está escrita por Rodolf Sirera, trasladando la acción de la Italia de Mussolini de 1938 a la España de Franco de 1940. Lo explica Sirera: “Aunque Hitler no visitó nunca España, sí lo hizo uno de los más altos jerarcas del régimen nazi, Heinrich Himmler, en octubre del citado año 1940. La visita tenía un doble objetivo: preparar el encuentro que pocos días después mantendrían en Hendaya Franco y Hitler y visitar, de paso, el monasterio de Montserrat, en busca de pretendidas huellas del Grial, una de las obsesiones ocultistas del jefe de la maquinaria represiva del régimen nazi. Y, a semejanza de los sucedido en Roma, a Himmler se le tributó, tanto en Madrid como en Barcelona, una acogida excepcional —banderas, uniformes, músicas militares y masas enfervorecidas— presidida por el cuñadísimo, como se conocía en la época, al recién nombrado Ministro de Asuntos Exteriores de Franco, Ramón Serrano Suñer”. Un montaje teatral que promete mucho.



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