Reseña crítica a propósito de

Hedda Gabler



23.01.2005 | Alfonso Arribas-(El Norte de Castilla)

"… el grupo valenciano La Pavana ha urdido un montaje muy atractivo cuya mejor aportación en el terreno de la escenografía es sin duda la instalación de un ring de boxeo como hábitat permanente de Hedda Gabler….
…La obra tiene una fuerza indiscutible que el trabajo de La Pavana no frena en ningún momento, más bien al contrario. Amparo Ferrer-Báguena logra hacer creíble  el complejo material del que está hecha Hedda Gabler, tan altiva como necesitada, elegante, fría y alocada. Lo trepidante aquí es la desnudez de los retratos, la ausencia de velos que disimulen las entrañas de los personajes….”


Chica Ibsen 

 

Hedda Gabler 

 

Autor Henrik lüsen. Versión: Rodolf Sirera. Director Rafael Calatayud. Compañía: La Pavana. Elenco: Amparo Ferrer-Báguena, Carlos Vicente. Resu Belemonte. Caries Sanjalme. Manuel Barceló e Isabel Requena. Lugar: Teatro Juan Bravo. 

 

Sin duda Henrik lbsen hÍzo más grande el teatro y, junto a un puñado de lucidos contemporáneos, sirvió de puente entre lo que antes se representaba sobre las tablas y to que irremediablemente se sigue representando ahora, tras sus decisivas aportaciones. Cada vez que una compañía se atreve a pisar los terrenos sembrados por el autor noruego es inevitable, o serla üijusto, olvidarse del contexto en el que irrumpieron sus obras, primero en papel y después, definitivamente, encarnadas en espectáculo público. Ibsen revolucionó los patios de butacas en el último cuarto del siglo XIX con una colección de obras profundamente marcadas por el estudio minucioso de la psicología de los personajes y, sobre todo, por una avanzadísima apuesta por la sinceridad en sus retratos, casi siempre descarnados. 

 

Si se acepta generalmente que Pedro Almodóvar ha introducido en nuestro cine una singular visión femenina del mundo que le ha valido el reconocimiento internacional en el loco siglo XX, una suerte de precursor como Ibsen encabezó en su época un movimiento similar, lanzando a sus chicas atormentadas, prisioneras y en ocasiones osadas, al análisis publico de la mayoría burguesa, acomodada en sus salones y en sus estrechas mentes dominadas por la opinión ajena y los clichés, incapaz de moverse ni un apice de los presupuestos marcados por la doble moral.

 

En este camino el mojón más reconocido y popular es su "Casa de muñecas', escenario del que logra escapar para asombro del común la inolvidable Nora, pero no el único. Hedda Gabiler es otra aportación señalada del noruego que, vista hoy, sigue impactando a pesar de lo que ha llovido en avances sociales. 

 

Con este material el grupo valenciano la Pavana ha urdido un montaje muy atractivo cuya mejor aportación en el terreno de la escenografía es sin duda la instalaclón de un ring de boxeo como habitat permanente de Hedda Gabler; un cuadrilátero del que apenas sale y donde recibe a todos los que conforman su pequeño y aburrido mundo, donde se presta a pelear por sus aspiraciones y donde recibe también la mayor parte de los golpes que acaban con su alma por los suelos. 

 

Hedda es la hija de un reputado militar que aterriza tras una larga y tediosa luna de miel en la que está condenada a ser la casa del matrimonio. Es. para ella, la cárcel donde habrá de pagar su pecado de cobardía, el lujoso encierro que eligió para no entrentarse a sus verdaderos anhelos que desde luego no pasan ni por caer enamorada de su marido, ni por compartir sus especial izaciones profesionales, ni por dedicar una mínima sonrisa a su nueva familia. 

 

Agresiva frustración

 

Hedda es una mujer enteramente frustrada y, como bien sabia Ibsen, una candidata perfecta para la continua agresión a los demás y a ella misma. La infelicldad lleva siempre a la extensión de la propia desgracia, y en ese esftierzo se vuelca la protagonista. El público asiste atónito a la tírania de Hedda y a sus esporádicos derrumbamientos, la doble cara de una misma existencia que dificulta el juicio sobre su actitud. Esta es la grandeza de las obras de Ibsen, el destierro de toda posibilidad de análisis maniqueista. 

 

En un arranque puramaite romántíco. a la manera de Larra, Hedda decide completar su obra disparándose en la sien; se reserva asi un final digno de su siempre buscada grandeza y posibilita que su mundo, ese que le condenaba a la desgracia y a la mortal monatonia. recoloque sus piezas en su ausencia. 

 

La obra tiene una fuerza indiscutible que ei trabajo de La Pavana no frena en ningún momentó, más bien al contrario. 

 

Amparo Ferrer-Báguena logra hacer creíble el complejo matenal del que está hecha Hedda Gabler. tan altiva como necesitada, elegante, fría y alocada. Lo trepidante aquí es la desnudez de los retratos, la ausencia de velos que disimulen las entrañas los personajes. Quien viene a ver a Ibsen sabe a lo que se expone; y quien no, quizá termine aturdído.Y algo axfixiado.



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