Reseña crítica a propósito de

Supongamos que no he dicho nada



09.12.1983 | Julio A. Mañez-(Qué y Donde)

El cabaret tradicional está quizá compuesto de diversos retales dispuestos de modo que compongan un buen traje: los distintos pedacitos importan menos que la entidad del conjunto, y eso hay que saberlo llevar. La Pavana lo lleva bien, incluso en ocasiones, muy bien, aun a riesgo de privilegiar a veces los momentos particulares sobre el resultado final.


Un cabaret residual

Supongamos que no he dicho nada, de La Pavana, con Sebastián Antón, Rocío Cabedo, Rafael Calatayud, Rosana Pastor, Carmen Sanchis, José G. Torrero. Coreografía de Rafael Calatayud y Vivien Stile. Dirección de Rafael Calatayud. Sala Escalante, hasta el 11 de diciembre.

El cabaret tradicional está quizá compuesto de diversos retales dispuestos de modo que compongan un buen traje: los distintos pedacitos importan menos que la entidad del conjunto, y eso hay que saberlo llevar. La Pavana lo lleva bien, incluso en ocasiones, muy bien, aun a riesgo de privilegiar a veces los momentos particulares sobre el resultado final. No pudiendo acceder, por razones obvias, al cabaret con que los adictos sueñan, han sido consecuentes al elegir una manera que ellos califican de «suburbio» y que, en realidad, guardaría alguna relación con esa actitud residual que lleva a apañarse con lo queso tiene a mano. Lo aprovechan muy hábilmente, y se confeccionan un lindo frac con materiales de rebaja. Juegan con la ventaja de referentes ilustres, pero también eso hay que saberlo utilizar.

No carece de osadía meter en un mismo saco a Gide y Muñoz Seca, a Boris Vian y Arniches, el musical americano y la tradición del cine negro. En ese atrevimiento encuentra La Pavana el estímulo que habrá de dar coherencia a su trabajo. La diversidad de materiales plantea algunos problemas de ritmo que el grupo quiere salvar introduciendo una especie de hilo conductor que asegure las transiciones; no siempre se consigue evitar que la solidez de ese procedimiento atente contra el ritmo interno de los números. Pero eso es lo de menos en este trabajo bien pensado que, en sus momentos más brillantes, alimenta la certidumbre de que La Pavana estará en condiciones de afrontar mayores riesgos.



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