Reseña crítica a propósito de

El buho y la gata



12.08.1989 | Inma Garín-(Levante)

En definitiva, un montaje con mucho gancho al que Rafa Calatayud ha sabido dar un toque personal, ahondando en las situaciones y acercándolo al espectador de hoy sin desaprovechar la entrañable estética de los años sesenta.


Pequeño gran montaje

El mussol i la gata (El búho y la gata) se estrenó en Broadway en 1964, al año siguiente de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, la obra de Edward Albee. Bill Manhoff escribió El mussol i la gata cuando tenía cuarenta y cinco años, en plena madurez como escritor de guiones para radio y televisión. La obra representa un hito casi aislado en su trayectoria, ya que, al contrario que Albee o Neil Simon (La  extraña pareja, 1966), Manhoff no se dedicaría a escribir para el teatro. La obra que produce el Centre Dramátic fue un éxito de Broadway. Es de esperar que este montaje también lo sea.

La comedia basa buena parte Je su humor en el choque de Jos personajes, que no tiene nada en común, pero que se /en obligados a convivir. A par- :ir del momento en que Doris, a prostituta, expulsada de su apartamento, acude a casa de Félix, se desarrolla entre ambos una relación peligrosa, incluso sadomasoquista, a través de la cual se descubre que la aceptación de uno mismo y del otro es la clave de la buena convivencia.

Pero ¿no son ambos demasiado diferentes como para que la historia acabe bien? La teatralidad de la pieza y la capacidad de los dos actores para atraer las simpatías del público hacen perdonar un final feliz poco convincente. Además, los chistes y las situaciones ridículas abundan.

La intensidad de las diversas emociones está conseguida tanto por el director, Rafael Calatayud, como por los dos actores, Angela Castilla y Caries Pons, que hacen un excelente trabajo interpretativo. La acertada adaptación de Rodolf Sirera, la operativa escenografía de Caries Alfaro y la adecuada banda sonora de Cerveró permiten al espectador entrar de lleno en el drama y disfrutar de un montaje muy divertido.

Se reconoce la capacidad de entrega de este magnífico equipo de trabajo que forma parte de un movimiento teatral vasto y vigoroso, que está cuajando en nuestra Comunidad.

En definitiva, un montaje con mucho gancho al que Rafa Calatayud ha sabido dar un toque personal, ahondando en las situaciones y acercándolo al espectador de hoy sin desaprovechar la entrañable estética de los años sesenta.



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