Reseña crítica a propósito de

La mujer de negro



12.01.1991 | Sergio González Méndez-(El Espectador)

Lo que tiene de nuevo La mujer de negro es que se trata de un tipo de teatro que no se ha visto en Valencia. Da pie a que el espectador se imagine todo lo que el lector pueda imaginarse al leer una novela. Y llega un momento en el que, como por arte de magia, el espectador visualiza aquello que puede imaginar.

 


Misterio y penumbra

Hace tiempo que Rafa Calatayud llevaba en la cabeza la adaptación a escena de una historia tan peculiar como La mujer de negro. Y para ello buscaba un espacio adecuado que ayudara a crear la atmósfera que la obra requiere. Lo encontró en el Talla, que con este montaje se abre de nuevo al público valenciano.

El argumento difiere bastante de los que este director ha venido realizando hasta ahora: «Yo llevo una trayectoria de dirección bastante diversa, y eso es estimulante, porque cada género es diferente —comenta Rata Calatayud—. Para dirigir una obra he de encontrar un proyecto que guste, pero ante todo que tenga calidad».

Lo que tiene de nuevo La mujer de negro es que se trata de un tipo de teatro que no se ha visto en Valencia. Da pie a que el espectador se imagine todo lo que el lector pueda imaginarse al leer una novela. Y llega un momento en el que, como por arte de magia, el espectador visualiza aquello que puede imaginar.

Los personajes son encarnados por Paco Balcells y Juli Cantó, dos actores que conectan plenamente con sus papeles, y entre los cuales se da una buena química teatral. Mientras que el ritmo escénico, marcado por la dirección, va cogiendo tensión poco a poco, cobrando fuerza con la iluminación.



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