Reseña crítica a propósito de

La mujer de negro



02.12.1993 | Rafael Campos-(El Heraldo de Aragón)

Los actores evidencian recursos más que suficientes para matizar cada uno de los cambios requeridos, y componen brillantemente los diferentes personajes que van surgiendo en el juego, a la vez que transforman los sencillos elementos de la escenografía multiplicando su significación en cada escena. En general se percibe un trabajo eficiente y con momentos de brillantez.


Historia de fantasmas

El texto es una esforzada adaptación teatral de una de esas novelas de terror que tanto predicamento suelen tener entre el público anglosajón. Parece que su puesta en escena goza de buen éxito en Londres. Aquí es, hasta cierto punto, una novedad, pues no suele ser habitual tratar el género sobre nuestros escenarios. Más propio del cine, cuyo lenguaje permite mejor los efectos de la fantasía tétrica, en el teatro resulta un empeño difícil, en el que se adivina el músculo hinchado de la imaginación para ir encontrando solución a los diferentes quiebros de la historia, como para envolverla en el ambiente preciso, eso que convencionalmente se acepta como clima de terror.

Hay también —y sobre todo— un interesante juego teatral que plantea desdoblamientos sucesivos del actor en personajes múltiples. La narración es evocada por la pareja protagonista por medio de una segunda teatralización : así, la obra presenta a un hombre que busca la ayuda de un actor para liberarse de un recuerdo obsesivo, reviviéndolo de la manera más precisa. Mediante ese artificio, el público accede a otro plano de la historia, señalado con la ayuda de una iluminación que crea efectos de gran utilidad y de una banda sonora que ambienta los momentos de mayor clima —a veces por el procedimiento bastardo de asustar a la concurrencia con una descarga repentina de decibelios—.

La dirección se aplica a desentrañar los numerosos cambios de situación, resulta minuciosa y con buenas dosis de ingenio. Los actores evidencian recursos más que suficientes para matizar cada uno de los cambios requeridos, y componen brillantemente los diferentes personajes que van surgiendo en el juego, a la vez que transforman los sencillos elementos de la escenografía multiplicando su significación en cada escena. En general se percibe un trabajo eficiente y con momentos de brillantez. Aunque no se consigue evitar la sensación de que el complejo artificio se nota demasiado, y hace la representación por momentos lenta y con un ritmo jadeante y desigual. O sea, como si la estructura narrativa de la representación se hiciera tan evidente, tan opaca, que casi resulta más presente que la propia narración en sí. Algo que quizás quepa achacar -a la propia naturaleza del material de origen, y que no invalida todo lo bueno que hay en el empeño. Luego ya está el gusto que cada uno tenga por estas, así llamadas, historias de terror con fantasma dentro.



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