Reseña crítica a propósito de

Pánico contenido



26.11.1993 | José Ferrándiz Casares-(Información - Alicante)

Ese encadenamiento expositivo de la intimidad formada por un pequeño grupo de mujeres, donde siempre palpita el temor a la soledad, es el que, justificando el título, infunde vigor a la pieza, cuyo curso, bajo la segura dirección de Rafael Calatayud, mostró, desde luego, gratamente los méritos de las intérpretes nombradas.


 

El temor a la soledad

Ana Gimeno y J. V. Martínez Luciano son los capacitados realizadores de la versión al español de la obra, presentada el miércoles último en la Sala Arniches por Pavana Espectacles, original de Claire McIntyre, prometedora comediógrafa del teatro inglés que obtuvo el premio «Evening Standar» con el estreno de «My Heart's Suitcase» («MI corazón es una maleta»). Las notas del programa relativo al ofrecido ahora definen con exactitud la intención principal en este espectáculo: que el trabajo de las actrices pase a ser el sostén más firme del mismo

Consiguen ese propósito Cristina Fenollar, Victoria Salvador y Amparo Ferrer Báguena, superando incluso la dilatada extensión del coloquialismo en que frecuentemente incurre la comedia británica, aun cuando gire alrededor de lo intranscendente. La acción se desarrolla en un cuarto de baño, el lugar más apropiado según parece para que mantengan su tertulia tres mujeres que viven juntas en un apartamento; y allí, la que se llama Lola reconoce, mientras habla con su compañera Mari, que su conversación es trivial. Pero nada tiene de ligera su obsesión sobre la sexualidad. Ojea revistas pornográficas, cuenta los orgasmos probables, piensa continuamente en el amante casi imposible.

Todo cuanto conlleva es absorción, al que también coadyuvan con sus palabras y sus actividades Mari y la otra amiga, Celia, aparece paulatinamente. El acicalamiento extremado a fin de lograr la atención masculina; el martirio del espejo y de la báscula, que, muy sinceros. revelan perteneció a un tiempo pasado el aura juvenil: la ilusión antes de ir a la discoteca y el regreso posterior, con suerte variada, pues trae fortuna o decepción.

En medio de tales episodios, sin concretarse bien si refleja algo que sucedió o una pesadilla, un monólogo describe la cara oscura del sexo: el asalto, la violación brutal.

Ese encadenamiento expositivo de la intimidad formada por un pequeño grupo de mujeres, donde siempre palpita el temor a la soledad, es el que, justificando el título, infunde vigor a la pieza, cuyo curso, bajo la segura dirección de Rafael Calatayud, mostró, desde luego, gratamente los méritos de las intérpretes nombradas.



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