Reseña crítica a propósito de

Pánico contenido



12.01.1993 | Josep Lluis Sirera-(Levante)

Bien Amparo Ferrer Báguena en el papel más episódico, espléndida Victoria Salvador en el aparentemente menos agradecido, quiero decir: en el que hace reír menos, pero con momentos realmente intensos (el recuerdo de la violación, por ejemplo), y una Cristina Fenollar metida hasta el fondo en el papel más tópico de todos... pero en el más divertido, lo que quiere decir que se lleva al público de calle, o poco menos.


LEVANTE 12/93

PÁNICO CONTENIDO

CRÍTICA

 

JOSEP LLUIS SIRERA

Conscientes del indudable y merecido éxito obtenido con La mujer de negro, Rafael Calatayud (y Pavana Espectacles) ha vuelto a apostar por un texto en inglés, de esos en los que los autores británicos y norteamericanos son maestros: buena estructura, tema actual (por lo menos en sus países de origen) y diálogo ágil y brillante que permite el consecuente lucimiento de los actores. Añádase aquí que la actualidad da pie a meter unas cuantas expresiones fuertes y alguna que otra situación más o menos atrevida, y tendremos las claves de un éxito que otros autores —no británicos— también han buscado (con más recursos y méritos incluso) sin lograrlo casi nunca... O por lo menos sin lograr interesar a público y gentes del teatro de este país nuestro. ¿Secuelas de la cultura cinematográfica y televisiva? Pudiera ser.

De todas formas, tengo que indicar que, aun pareciéndome gracioso, este texto no me parece especialmente conseguido: la forma en que se desaprovecha uno de los personajes (Celia) pone de manifiesto, más que una voluntad de economizar recursos, lo tremendamente complicado que es dialogar a tres bandas (una de las cosas más difíciles que existen en teatro, según mi opinión); nada tiene de particular, pues, que se prefiera el diálogo a dos bandas, y no de los vértices del triángulo (no amoroso) acabe así poco menos que arrinconado.

Texto menor, pues, en un montaje que aquello que pretende es sobre todo divertir, y, muy honradamente, ni lo disimula ni pretende trascendentalizar las cosas en demasía. La sobriedad de escenografía, de Adolfo Muñoz, y de la iluminación (de Alfons Barreda) refuerza esa impresión de un producto bien acabado, sin más. Hay, claro está, tres actrices que se vuelcan en escena, poniendo toda la carne en el asador, y proporcionándonos algunos momentos realmente muy bien conseguidos y, desde luego, muy divertidos. Bien Amparo Ferrer Báguena en el papel más episódico, espléndida Victoria Salvador en el aparentemente menos agradecido, quiero decir: en el que hace reír menos, pero con momentos realmente intensos (el recuerdo de la violación, por ejemplo), y una Cristina Fenollar metida hasta el fondo en el papel más tópico de todos... pero en el más divertido, lo que quiere decir que se lleva al público de calle, o poco menos.

O poco más, mejor dicho. Y es que el deseo de divertir ha empujado el montaje en demasía por la pendiente de la incontinencia: se marcan en exceso los gestos y actitudes que pueden divertir, se grita en demasía y alguna que otra vez a destiempo; en fin, que las tres jóvenes protagonistas parecen bordear estados de crispación nerviosa que, la verdad, no me parecen bastante justificados dramáticamente.

No hubiese estado mal que en lugar de contener el pánico (¿aludirá el título quizá a la idea de teatro pánico de Arrabal?), se hubiese contenido un poco este exceso de entusiasmo y energía, puesta en juego a destiempo, que desprende el montaje. La verdad, no creo que ese mínimo control perjudique un montaje al que le auguro, desde luego, larga y feliz vida.

 



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