Reseña crítica a propósito de

Pánico contenido



11.01.1995 | José Ramón Díaz Sande-(Reseña)

Pánico contenido es una inteligente comedia bien interpretada, en su conjunto, donde el mundo verbal sexual de la mujer y su relación con los hombres no mira prendas. Es una gran radiografía de los sentimientos ocultos del hombre.


 

Radiografía de los sentimientos

 

Clare McIntyre escribe un texto con rememoranzas de John Osborne (Mirando hacia atrás con ira) y Shelagn Delaney (Sabor a Miel). La tradición del «Free Cinema» y de las generaciones rebeldes en teatro, parece no haberse perdido. Aquel realismo y crudeza de la vida se instala, aquí, en el alma femenina y su contradictoria relación con los hombres, en un inteligente juego que combina realidad y fantasia erótica.

El tono aparente de comedia se mantiene dejando espacio al dramatismo contenido sin caer en el desagradable melodrama. Son conversaciones de mujeres en un cuarto de baño. Y este espacio escénico es original y atrayente para una puesta en escena. Lo que sucede es que mantener este desafío espacial de hora y media es imposible y recurre, lamentablemente, a dos escapadas ambientales: un callejón y una discoteca. Esta concesión no se justifica ni con la anotación de que, mediante juegos de luces, se realice en el cuarto de baño (¿mantener el símbolo del cuarto de baño en el mejor de los casos o empacho por la mutación escenográfica?). Del mismo defecto participa la acción dramática: el ingenioso y vivo diálogo de las intérpretes se cercena, con su lógica caída de tensión dramática, en los monólogos de Mari (Cesca Salazar). Rafael Calatayud (el director), tal vez por un excesivo respeto al texto, no idea otro tratamiento.

Apuntadas estas grietas dramáticas, hay que reconocer que es texto sustancioso, ingenioso y fluido. Su mayor virtud es la de profundizar en el alma de los personajes y desvelarnos el juego esquizofrénico del ser humano cuyos sentimientos afectivos transcurren entre una fantasía erótica desbordada —aparentemente superficial, como en Lola, o reprimida, como en Mari— y la realidad ramplona de lo que la sociedad llama el sentido común o las buenas maneras.

Esa doble vida surge con fuerza en Lola, un personaje enternecedor que nos cautiva con sus fantasías siempre guillotinadas por su realidad: ni tan esbelta, ni tan alta, ni tal lanzada amorosamente. Lola es el personaje que dramáticamente queda mejor trazado por la autora: es la vida misma. Su simpatía, su dulzura y su «limpieza de corazón», lo acercan al espectador. En este montaje Cristina Fenollar sabe personificarlo magistralmente a todos los niveles: acción, voz y gesto. Crea ritmos vocales antológicos y quienes no conocemos a la actriz, la identificamos con Lola.

Mari (Cristina Salazar) palidece ante la potencia dramática de Lola y termina por acompañarla, solamente Sin embargo, la línea cruda y de contraste (Mari es el reverso de Lola, ya que en el fondo vendría a ser un solo personaje, pues Lola no se entiende sin Mari y viceversa) la da este personaje. A nivel direccional e interpretativo, no se ha sabido encontrar el tono adecuado. El misterio y el provocativo deseo sexual reprimido, está muy patente desde el principio, con lo cual queda demasiado desvelado el futuro de Mari. Ya en el mismo texto, el trazado psicológico de este personaje es de manual. Tópico, sin fuerza dramática ni visual, resulta el monólogo de la violación comunitaria.

Pánico contenido es una inteligente comedia bien interpretada, en su conjunto, donde el mundo verbal sexual de la mujer y su relación con los hombres no mira prendas. Es una gran radiografía de los sentimientos ocultos del hombre.

 



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