Reseña crítica a propósito de

Función para dos personajes



23.12.1995 | Julio A. Mañez-(El País)

La capacidad metafórica de Williams es aquí muy potente, simultaneando fragmentos narrativos de apariencia trivial con momentos de poesía de alta escuela que se niega a levantar el vuelo y se autodestruye en su propia fragmentación ... El acierto de Calatayud ha sido montar todo esto con un raro y desvalido humor que se adivina huida de la crispación ante una situación intolerable. Más allá del juego de espejos, o de cajas chinas, que propone tanto la obra como su puesta en escena, lo que queda es un notable trabajo de actores.


Un Williams menor

En Función para dos personajes abandona Tennessee Williams el territorio de los grandes dramones familiares, a los que debe su gloria, para refugiarse en un pequeño espacio interior que le permite fantasear, a conciencia sin sujetarse a las exigencias deuna estructura dramática clásica. Es, por ello, una obra menor en el conjunto de su obra, aunque no resulte menos fascinante. Aquí, los dos hermanos protagonistas de una historia que apenas quiere ser relato escenifican retazos de sus vidas, mezclando en ello el recuerdo y la fantasía, en nombre de una experiencia anterior ejecutada en común que les resulta intolerable y que apenas se atreven siquiera a mencionar.

La simulación perpetua a que dedican su energía es agotadora porque desrealiza y consuma lentamente la propia destrucción. La capacidad metafórica de Williams es aquí muy potente, simultaneando fragmentos narrativos de apariencia trivial con momentos de poesía de alta escuela que se niega a levantar el vuelo y se autodestruye en su propia fragmentación.

El acierto de Calatayud ha sido montar todo esto con un raro y desvalido humor que se adivina huida de la crispación ante una situación intolerable. Más allá del juego de espejos, o de cajas chinas, que propone tanto la obra como su puesta en escena, lo que queda es un notable trabajo de actores, que habría sido espléndido de agotar la fórmula que propone. Hay que señalar que Toni Misó realiza sin duda el mejor trabajo de su carrera, creando atmósferas de muchos quilates con sus juegos de voz, y que Amparo Ferrer Báguena responde con acierto al dificil reto de su oscilante personaje. 

 



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