Reseña crítica a propósito de

Función para dos personajes



25.12.1995 | Enrique Herreras-(Cartelera Turia)

Un Williams, de los escondidos, de los sacados de un baúl viejo para completar sus obras completas. Una de esas rarezas que los genios se pueden permitir, para ironizar sobre sí mismos...


Dos personajes sin función Tengo que confesar que soy alérgico al teatro que tiene, valga la redundancia, al teatro como protagonista. La causa: el exceso de estos productos, o una demostración de inseguridad, de llamada de atención (¿de los compañeros de profesión?, ¿o de quién?), de sentirse aliviados por poner al propio hecho teatral en el diván de un psicoanálisis, o en un escenario que, para el caso, es lo mismo. Por ello ante este montaje, lo último de Pavana, he tenido que hacer un gran esfuerzo por no considerar todo lo que se dijera o dijese, en él, en su contra. No en balde es curioso, un Williams, de los escondidos, de los sacados de un baúl viejo para completar sus obras completas. Una de esas rarezas que los genios se pueden permitir, para ironizar sobre sí mismos... Pero no puede hacerlo, este romántico empedernido: lo que en un principio comienza siendo una broma (dos pintorescos hermanos, atrapados en un supuesto teatro...) acaba en su habitual tragedia melodramática. Juego, en fin, que tiene un sentido: ya que sus personajes poseen una individualidad bien definida y que la acción, como en Chejov, es menos importante que la revelación progresiva de las personalidades secretas. ¿por qué no aislarlos como bacterias, sintetizarlos y desnudarlos de todo contexto ajeno?

Como esta pareja que ha salido en tantas obras, ahora convertidos en locos de verdad, sin irse por las ramas, en fantasmas, en personajes puros, sin función. El problema está en que para introducirse de lleno en esta obrita menor (con una segunda parte bastante resbaladiza y pesada, si no se entra en el juego) es precioso estar al tanto del universo de Williams, que estuviera de moda (lo cual no ocurre en estos momentos), o encontrar el casting perfecto para arañar los cerebros del respetable con este ejercicio agridulce. Pues no se ha conseguido del todo: Toni Misó se mantiene en una perfecta corrección, pero en un necesario tono opaco (a pesar de las variaciones del personaje), por lo que precisa, desesperadamente, el contraritmo de la actriz, y Amparo Ferrer Báguena (notable intérprete, presencia, voz...) no lo da, no consigue vestirse con este papel inapropiado para sus registros... Por lo que, a pesar de la nueva demostración del talento de Rafa Calatayud, agudo director de actores y detalles, el montaje, en su conjunto, se queda sin chispa, desangelado.

 



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