Reseña crítica a propósito de

Función para dos personajes



19.06.1995 | José Ferrándiz Casares-(Información - Alicante)

Bien orientadas bajo la dirección de Rafael Calatayud, las distintas situaciones, especialmente, las dramáticas, hallaron un notable apoyo en la consistencia e identificación que Angela Castilla y Toni Misó infundieron a sus respectivos papeles. 


El recurso mágico 

Se ha señalado que el escritor Tennessee Williams, autor de la obra presentada el pasado año por Pavana Espectacles en el Principal, llevó frecuentemente a sus trabajos literarios lances y circunstancias de su propia existencia, cuyos años iniciales comprendieron la aversión que le inspiraba su padre y la contemplación de los accesos esquizofrénicos de su hermana mayor. En la madurez, los triunfos escénicos tampocp lograron su completo bienestar al sufrir el contraste de la excitación producida por sus encuentros homosexuales y el exagerado consumo de alcohol y droga, pues era seguida casi siempre de un profundo abatimiento. A la depresión se atribuyó, en efecto, el impulso que le llevó a poner fin a su vida en 1983.

Como puede observarse en la representación ofrecida ahora, Williams excluyó el elemento de pronunciada sexualidad que solía acompañar a sus invenciones, pero, emplazándolas sobre los dos únicos personajes, continúan patentes las obsesiones de fracaso y muerte. La dualidad marcada por el título —que en la versión de J. Vicente Martínez Luciano y Ana Gimeno conserva la significación original, «The Two Character Play»— hace pensar al principio que sólo intenta desarrollar el grado extremo de la vocación inquebrantable. Son los hermanos Clara y Alex las figuras destacadas de un conjunto escénico y se les ve debatirse cuando, durante el curso de una gira de malos resultados económicos, llegan a un viejo teatro y reciben el telegrama de sus compañeros comunicándoles que, no pudiendo ya resistir aquella escasez, los abandonan.

Entre un decorado sin terminar, vienen entonces, por parte de Clara, los inconvenientes, el exhibicionismo histérico de algunas actrices. Pero todo lo resuelve el recurso mágico. Al levantarse el telón, ambos hermanos olvidan cuanto les sucede para entregar la mente a la interpretación de sus personajes. Según refieren perdieron a sus padres tragivamente en la casa familiar, luego de una enconada disputa. Los recuerdos sombríos, no obstante, reducen poco a poco su presión amenazadora. Si por la mente de los hermanos ha pasado la idea de exterminio, el final muestra, ligándolos en un abrazo, que se ha impuesto la exigencia superior de seguir el uno al lado del otro. Bien orientadas bajo la dirección de Rafael Calatayud, las distintas situaciones, especialmente, las dramáticas, hallaron un notable apoyo en la consistencia e identificación que Angela Castilla y Toni Misó infundieron a sus respectivos papeles. 

 



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