Désirée Ortega Cerpa
Diario de Sevilla ·

La mujer de negro (1998)

En teatro, tan importante es el envoltorio como el chocolate. Aquí degustamos una historia de terror de auténtico sabor gótico con todos sus elementos: una herencia, un letrado jóven que debe acudir a una extraña mansión -mitad castillo vampírico, mitad Manderley- en lugar inaccesible, diferentes personajes que en la ruta confunden más que aclaran, las cartas a la novia, un paisaje donde un día luminoso se cubre de brumas que ocultan pantanos devoradores, la curiosidad, más poderosa que el miedo, y el descubrimiento de una historia trágica tras el rastro inefable del espectro. El envoltorio es el recurso, al mismo tiempo estructural y argumental, del "teatro dentro del teatro", en su variante de ensayar una futura escenificación. De esta manera, los límites de la obra "marco" o principal y de la obra "enmarcada" o secundaria se diluyen, se superponen, se entrelazan. Además, se rompen las fronteras del espacio escénico convencional, con lo que se obliga al espectador a una atención especial par; captar las reglas del juego. Se ofrece al mismo tiempo disfrutar de la magia y observar cómo se realiza el truco, cómo funciona la máquina del teatro a través de la imaginación. Además, la propuesta del ensayo provoca la sensación de observador intruso ante una obra de arte todavía en proceso, que el espectador debe culminar. Ambos artistas, ofrecen un magnífico trabajo actoral de diversos estilos y registros: se combina la interpretación psicológica naturalista, con el distanciamiento de la narratividad, así como la caricatura y la máscara. Ainto con el soporte de la iluminación, sugeridora de los más diversos ambientes y los efectos de sonido se logra lo más difícil de conseguir en el teatro: pánico en la escena. Tras cade sobresalto, se suceden las risas nerviosas, como para sacudirse el miedo que ya se nos ha instalado en el cuerpo y que nos sobrecogerá al volver a casa con cada sombra fortuita o el crujido agazapado en los muebles del dormitorio. Como en las recomendaciones de las antiguas películas de terror, "por favor, no cuente el final".

Texto de terceros reproducido tal como se publicó.