Iván y los perros (2016)
En La piedra oscura, de Alberto Conejero, vimos a Nacho Sánchez como un soldado ingenuo e inseguro, guardián de la celda de Rafael Rodríguez Rapún, postrer amante de Federico García Lorca. Lo vimos también en el autista de He nacido para verte sonreír, dándole réplica a una formidable Isabel Ordaz. Hoy este joven actor se convierte en perro en Iván y los perros, de la británica Hattie Naylor. Iván podría ser un actual Mowgli, muchacho de la selva criado por de leones y panteras, sin la ternura del mundo de Kipling, la vida actual, tan protectora para los niños en algunas sociedades es tan cruel con ellos o más que la sociedad victoriana del Dickens del siglo XIX... El derrumbe del muro de Berlín y la caída del imperio soviético hizo que todos los cascotes de la miseria cayeran sobre los más desprotegidos, los niños. Así que miles de ellos se vieron en las frías e inhóspitas calles de las ciudades intentando sobrevivir como podían. Iván, por ejemplo, hijo de una madre alcohólica y con un padrastro también alcohólico y violento. En nuestro tipo de vida occidental es difícil imaginar qué puede hacer un crío de cuatro años solo en el invierno moscovita. Era algo que no preocupaba a aquella sociedad borracha de vodka y de ambición por alcanzar, en un plazo muy corto, los vicios y prebendas del mundo occidental. Espejismos. Iván descubre que el infierno de su casa es un anuncio de lo que le espera en la calle y que los niños, con los ojos vacíos por esnifar pegamento, son tan malos como los hombres. Sólo los perros son de fiar; nobles, acogedores y defensores de la manada. Y Bielka, la líder del grupo, será su nueva madre. Iván aprende a ladrar y a aullar y durante dos años vive protegido por los perros. Y si es conmovedora la historia, asombroso y heroico es ver cómo un actor, solo en un escenario vacío, es capaz de llevarnos de la mano a esas calles sucias, grises, peligrosas y frías. Y hacernos vivir durante hora y media la tragedia de Iván, su solidaridad, la transmisión de su amor perruno y el mágico descubrimiento de que en los ojos de los perros están todos los perros que en el mundo han sido, son y serán.
Texto de terceros reproducido tal como se publicó.