Francisco Valcárcel
El diario Montañes ·

La mujer de negro (1998)

Fantasmas en el teatro Con un nuevo estreno continúa la programación teatral del Palació de Festivales de Cantabria. Se trata, en esta ocasión, de una producción de la compañía valenciana La Pavana que aborda la adaptación de una novela de Susan Hill, "La mujer de negro", que lleva representándose exitosamente más de diez años en Londres y que ahora sube por primera vez a los escenarios españoles. La obra pertenece al subgénero de fantasmas, en donde hábilmente se mezclan unas . pequeñas dosis de comedia con materiales dramáticos y otros incluso al terror, y que, al parecer, es muy querido del público propuesta inhabitual en nuestro punto de visto, ha de considerarse como un proyecto positivo, pero, en mi opinión, su interés no va más allá de esa circunstancia. «La mujer de negro» narra la situación de un abogado que actor profesional para dramatizar los hechos ocurridos hace años, con el objeto de exorcizarlos de su memoria. Mediante este ejercicio, el espectador va recibiendo una información qué puede emocionarle, asustarle o dejarle indiferente. Algo así como un psicodrama, el teatro como terapia, en otra improbable lectura de la obra, podemos buscar otra conclusión: un teatro que encierra fantasmas. Aunque el hecho teatral no se basa, ni mucho menos, en piezas encuadradas dentro de la literatura dramática, lo cierto es que, en este caso, la procedencia novelesca del espectáculo está presente en todo momento, lo que conduce a un resultado excesivamente narraüvo del que está ausente, en buena parte, la esencia -siempre desde la óptica ortodoxa- del juego dramático. Esto puede no tener importancia en una creación enfocada bajo un concepto de contemporaneidad escénica, pero en un producto elaborado a partir de ideas convencionales, como es el que nos ocupa, sí ha de tenerse en cuenta a la hora de efectuar un juicio critico. El montaje descansa sobre dos pilares: los actores y los efectos especiales. No vamos a descubrir a Emilio Gutiérrez Caba, un actor que con la madurez ha ido alcanzando la excelencia interpretativa y que aquí se desdobla y multiplica para elaborar un trabajo rico y complejo. Jorge de Juan se erige, en la función, como el alter-ego del personaje principal y, de hecho, se convierte en el protagonista, recorriendo el camino, tantas veces tortuoso, del actor engullido por su personaje. La gran responsabilidad que tiene en el escenario es solventada con dignidad, a pesar de la desigualdad de su labor, con momentos de mayor brillantez que otros. De todos modos, la dirección de Rafael Calatayud logra establecer una buena coherencia en el trabajo interpretativo de los. dos actores. Todos los elementos de la producción son todo lo correctos qi pueden esperarse de una estructura profesional, con el lógico protagonismo de la iluminación y el sonido, imprescindibles para el estilo de obra que es «La mujer de negro». Aunque cultura escénica y artísticamente, se me antoja escasamente interesante sin duda, el resultado es plenamente satisfactorio para un determinado tipo de gran público.

Texto de terceros reproducido tal como se publicó.